Estamos aquí para todo lo contrario: para saber

 
 
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Lacan en Italia / Roma / 1974. Fotografía de Fausto Giaccone
El 13 de abril de 1901 nació Jacques Lacan.
Para celebrar, compartimos un fragmento de su seminario:
 
«Esa mano que se tiende hacia el fruto, hacia la rosa, hacia el leño que de pronto se enciende, su gesto de alcanzar, de atraer, de atizar, es estrechamente solidario de la maduración del fruto, de la belleza de la flor, de la llamarada del leño. Pero cuando en ese movimiento de alcanzar, de atraer, de atizar, la mano ha ido ya hacia el objeto lo bastante lejos, si del fruto, de la flor, del leño, surge entonces una mano que se acerca al encuentro de esa mano que es la tuya y que, en este momento, es tu mano que queda fijada en la plenitud cerrada del fruto, abierta de la flor, en la explosión de una mano que se enciende, entonces, lo que ahí se produce es el amor.»
 
Todo eso puede parecer muy lindo. Pero con el amor no hay que engañarse, lo más importante es lo que viene después:
 
«La estructura que está en juego no es de simetría ni de retorno. Por otra parte, no hay tal simetría, porque si la mano se tiende, lo hace hacia un objeto. La mano que surge al otro lado es el milagro. Pero no estamos aquí para organizar milagros. Estamos aquí para todo lo contrario: para saber.»
 
 
 
Il bacio. Versión de Ege Islekel

Jacques Lacan, Seminario 8 La transferencia, Paidós, Buenos Aires, 2003, página 65.

Antes del fuego

Novedad editorial

Compartimos con mucha alegría la publicación del libro «Antes del fuego», de Sebastián A. Digirónimo, colega y miembro fundador de la Red Psicoanalítica.


«El libro que el lector tiene en sus manos no es un libro para ser leído. Esta frase, que se repite con demasiada liviandad, se aplica en este caso con toda la fuerza de la verdad.

Los relatos y cuentos que conforman Antes del fuego hablan en otra lengua, con palabras que no existen, con una voz que no es la moderna, actual, pero tampoco es antigua. Es una voz de la que hay que apropiarse.

 Al sumergirse en la lectura se descubre que las historias de sus protagonistas desafían al tiempo. La bondad, la maldad, la justicia, la humanidad misma no tienen horas.

Uno de los personajes de estos relatos declara que «Dios sabe, desde la eternidad, lo que cada hombre hará libremente por necesidad del universo. Me parece que allí está el secreto funda­mental».

Podemos suponer que todo está escrito, como el hecho de que hoy, en este mismo momento, el lector tiene este libro en sus manos y está leyendo estas líneas. Pero también podemos suponer lo contrario.

Antes del fuego propone salirse del tiempo, visitar brevemente habitaciones ajenas, espiar por la cerradura de una puerta otras vidas posibles. Por ello no es un libro sólo para ser leído, sino que es un desafío para quien desee explorar lo indescifrable de las decisiones del ser humano.

Este libro es ceniza sólida. Antes del fuego, pero fuera del tiempo.»

Mercedes Ávila (contratapa)