«Hagan como yo, no me imiten»

No hay técnica, no hay ser, ¿cómo se hace para practicar el psicoanálisis?
Se parte del inicio: por el propio análisis. Luego se estudia la teoría y se vive la práctica. Las tres cosas van juntas. No pueden desprenderse, están conectadas desde siempre y para siempre.
¿Uno se recibe de psicoanalista? No, se autoriza. Pero esa autorización es solitaria. Algunos dirán: “es también con otros”. Sí, pero primero es solitaria. Nada puede obligar a alguien a hacer el movimiento que implica hacerse cargo de su posición.
La ética psicoanalítica es implacable: uno es responsable de su posición, de sus decisiones y, fundamentalmente, de las consecuencias incalculables de la mismas.
Podemos apoyarnos en los maestros, pero no deberíamos caer en la falacia de autoridad, en el manoseado “él dijo” como pura justificación.
Freud se atrevió a atender pacientes en montañas, Lacan pidió que no lo imitaran. A pesar de ello, el miedo a animarse hace que lo más común fueran las copias descoloridas que no se atreven a reinventar el psicoanálisis.

¿Es imposible? Por supuesto, como todo lo que vale en serio la pena. Donde no se puede hablar, hay que hacer el esfuerzo y hablar.

Red Psicoanalítica