La experiencia de un análisis*

Jacques-Alain Miller

Hay dos momentos de la cura que son estándares, típicos, al menos formalizables: la entrada y la salida. Desde mi punto de vista, lo mismo sucede en un seminario: sé por qué puerta entrar, sé por cual salir, pero entre ambas hay más de un camino. Se entra por la puerta del amor y se sale por la del pase. Pero quiero anticipar el camino de este seminario. Su principio y su final, hasta donde puedo adelantar hoy, deben superponerse con el principio y con el final de un análisis. Cada análisis es diferente, hasta el punto que enunciaré una tesis aceptada -que me limitaré a radicalizar un poco-: haber dirigido una cura no sirve de nada, en cierto sentido, para dirigir otra. Y no sólo no sirve de nada sino que, de algún modo, hay que olvidar una para conducir otra. Ésta es la tesis de Freud: del lado del analista cada cura debe ser conducida como si fuera la primera. Esto lo sabemos desde la práctica. En esto la experiencia analítica es verdaderamente una experiencia. ¿Qué quiere decir «una experiencia» sino que uno no sabe cómo se desarrollará después? Una experiencia es como entrar por primera vez en una habitación oscura.

Habitación a oscuras
Francesco Ungaro

Jacques-Alain Miller (1989): «Lógicas de la vida amorosa» en Conferencias Porteñas, tomo 2, Paidós, Buenos Aires, 2009, página 16.

*El título dado al fragmento es nuestro.