Black Mirror en la Red

  • El 25/09/2021 se presentará un comentario a cargo de Sebastián Digirónimo, con respecto a los capítulos White Christmas y The entire history of you.
  • Luego del comentario se abrirá el debate y las preguntas del público.
  • El capítulo no será transmitido durante la actividad, por lo que pedimos a los participantes que lo vean antes.
  • Para participar es necesaria la inscripción previa a través del formulario de inscripción.
  • La actividad es abierta y gratuita. Es por Zoom. Comienza a las 13hs de Buenos Aires. Se ruega puntualidad.

¿Desea eliminar al usuario? Esta acción no puede deshacerse*

Mercedes Ávila

Black Mirror es una serie de Netflix, la plataforma de streaming, que nos hace creer que habla sobre la tecnología, pero en realidad nos habla sobre el ser humano y el goce, es decir nos habla sobre el parlêtre, la tecnología es una buena excusa para ello.
A lo largo de la historia las cosas no cambian tanto como uno cree, porque desde que el humano es humano, una de las cosas más difíciles de hacer para todo ser hablante es la de hacerse cargo del deseo, la posición espontánea frente a ello es no-querer-saber-nada. Siempre aparecen excusas y justificaciones. Todo sirve para no-querer-saber.
Entonces, con mucha suerte, nos encontramos con el psicoanálisis, que, a diferencia de cualquier otra práctica, no va por el camino de las intenciones, sean estas buenas o malas: al psicoanálisis le interesan los actos. Porque son los actos del ser hablante los que determinan su posición frente a la vida. Obviamente los actos no salen de una galera, pero tienen algo mágico: hacen que aparezca un nuevo sujeto.
Entonces, al psicoanálisis le interesan los actos, pero además el psicoanálisis es pretencioso: quiere, por medio de los actos, es decir, por medio de lo simbólico, tocar lo real.
Por ello, en una de las muchas lecturas que podemos hacer de los dos capítulos que hoy vamos a comentar, el acento va a estar puesto en los actos.
¿Qué es un acto? Es un movimiento que hace el sujeto a partir del cual ya no hay vuelta atrás y por eso él ya no es el mismo. Es decir, el sujeto que inicia el acto no es el mismo que sale de él. Quiero señalar que el término movimiento no tiene que ver con una acción, sino con un cambio en términos simbólicos. Todo acto es simbólico, es intransferible e irreversible.
Lo que nos interesa es una posición ética necesaria que luego se podrá poner en juego en todos los ámbitos. Y es una posición ética que no se puede imponer.
Quiero remarcar esto: no se puede imponer. Este es un problema, ¿es un problema?

 Hated in the Nation, se presenta como un policial, narra una serie de muertes extrañas. Por medio de la investigación se llega a descubrir que esas muertes son asesinatos, y que, además, no son fruto del azar, aunque tampoco son absolutamente planificados. Hay un factor decisivo que tiene que ver con las tendencias en las redes sociales, que determinan quién ha de morir. Un hacker programa un grupo de abejas robóticas para matar a las personas. Las abejas que siempre están ahí (y nadie las ve, porque son como el cartero del cuento de Chesterton), que servían para polinizar y para otras cosas ocultas que luego se descubrirán, se convierten en una amenaza.
Se descubre el motivo del hacker: su manifiesto apunta a que la gente se haga responsable de sus dichos en línea y que sientan el peso de las palabras. Es decir, el hacker hace de una manera brutal, que lo que se dice, como las expresiones de muerte sobre otros, retorne como muerte sobre uno mismo.
La propuesta es interesante, pero tiene un error: el hacker los obliga a hacerse responsables, pero no logra que efectivamente haya un efecto subjetivo de responsabilidad en cada muerto, porque a partir de ese momento, con su muerte, cada muerto pasa a ser una víctima. Lo que vemos con este ejemplo es que no puede obligarse a nadie a hacerse responsable, es un acto que sólo el sujeto puede atribuirse y ese acto es fundacional. Es una posición ética.
También hay otra cosa que es necesario destacar: el hacker tampoco se hace cargo, huye. Se erige como aquel que ha de hacer pagar a los otros, se postula como agente del saber sobre el bien y sobre el castigo, pero él mismo retrocede frente a la responsabilidad sobre las consecuencias. En verdad podemos discutir eso, tal vez el hacker sólo quería matar y encontró una buena excusa.
En el capítulo se repite una y otra vez la palabra consecuencias. Y es de eso de lo que tenemos que hablar: de la ética de las consecuencias, que es la ética que propone el psicoanálisis, una nueva ética con respecto a la del sentido común. No se trata de una moral, de una adaptación a las buenas costumbres, a lo correcto o lo incorrecto con respecto a la sociedad. Se trata de una línea de conformidad con el propio deseo y soportar los efectos que tiene tomar esa posición.

En National Anthem se presenta un argumento sencillo: se secuestra a un personaje importante, una princesa popular, y para liberarla se exige que un político de primer nivel –el primer ministro– sea filmado mientras mantiene sexo con un animal. La actividad debe ser transmitida en vivo.
Al final, el secuestrador libera a la princesa antes de la hora en la que debe comenzar la transmisión, pero nadie se entera porque todos están mirando las pantallas. Nadie se entera, ni siquiera el equipo del político, que podría ahorrarle toda la exposición y el malestar. Nadie se abstuvo en cuanto a ese mirar.

black mirror national anthem

Este capítulo, mirado en su estructura, se reduce a la decisión de mirar o no mirar algo que pertenece a la esfera de lo íntimo de otro. Si lo pensamos, es la misma estructura de la historia y el relato que se construyó sobre Lady Godiva.
Lady Godiva fue la mujer que, por defender a los vasallos de su marido, se paseó desnuda por Coventry, montando a caballo. Según la versión que se encuentre de la leyenda, se dice que en el pueblo cerraron puertas y ventanas para proteger el pudor de la dama, y casi todos lo hicieron, excepto uno: Peeping Tom, un sastre que miró a través de las persianas. El pueblo conservó su dignidad y también la de la dama y Tom quedó ciego.
En la historia de Lady Godiva, nadie mira. Salvan su honor y obtienen un beneficio. El que mira es castigado. En la de National Anthem todos miran, pero ¿salvan algo?, ¿pierden algo? No sabemos del público en general, pero sí sabemos del primer ministro. El primer ministro pierde.
La pregunta que hay que hacer es por qué accedió el primer ministro a cumplir con lo que pedía el secuestrador, porque podría haberse negado. Tal vez perdía el puesto, tal vez quedaba como un cobarde, pero al acceder, buscando no perder, también pierde. La situación es la bolsa o la vida.

Entonces, miremos la distancia entre las intenciones y los actos. Las intenciones suponen un saber sobre el otro, ya fuera lo mejor o lo peor, en cambio los actos se sostienen en la incertidumbre, porque no se puede saber qué ha de ocurrir hasta que se hagan. Podríamos pensar que el ministro actuó pensando en su popularidad, en la seguridad de su familia o cualquier cosa, pero lo importante es qué hizo. A partir de allí las explicaciones caen y debe lidiar con las consecuencias. El ministro actúa bajo coacción con las mejores o las peores intenciones, pero el resultado del acto es incalculable. Pierde.
En el caso de National Anthem el hacker tiene la intención de castigar, pero sólo crea víctimas. El policía tiene la intención de eliminar el programa y activa las abejas que matan a miles de personas.

¿Por qué detenernos en esto que podríamos llamar un detalle sobre estos capítulos? Para hacer un esfuerzo de lectura sin insertar sentido, que es lo que hace un psicoanalista. ¿A qué me refiero? A que no debemos caer en las explicaciones totalizantes, ésas que intentan llenar todos los huecos para calmarnos ilusoriamente, porque eso es lo que hace el sentido: calma inmediatamente, pero de forma ilusoria. Comprender es simplemente insertar a la fuerza nuestra idea sobre las cosas.
Es muy fácil crear una cuenta en una red social, pero eliminarla puede ser muy difícil. Nunca una red social nos pregunta si estamos seguros de crear una cuenta. Pero, parafraseando a la serie, eliminar al usuario no es la respuesta adecuada.
Si cambiamos usuario por ser hablante entendemos que el movimiento necesario es hacer responsable al usuario y, de esa forma, se elimina al usuario anterior y se crea uno nuevo, que incluso puede tener el mismo nombre. Eso es el sujeto, y eso se logra con el psicoanálisis.


*Comentario presentado el 31 de julio de 2021 en la actividad Black Mirror en la Red.


Hated in the nation Black Mirror

Estamos enfermos de la ausencia de relación sexual

Jacques-Alain Miller

Lacan creía que la falla que vuelve para siempre al hombre enfermo era la ausencia de relación sexual, que esa enfermedad era irremediable, que nada podía colmar ni curar la distancia entre un sexo y otro, que cada uno, como sexuado, está aislado de lo que siempre quiso considerar como su complemento. La ausencia de relación sexual invalida toda noción de salud mental y de tratamiento terapéutico como retorno a la salud mental.

Vemos entonces que, contrariamente a lo que el optimismo gubernamental profesa, no hay salud mental. Se opone a la salud mental —y a todo tratamiento terapéutico, que supone que conduce a ella— la erótica. En otras palabras, el aparato del deseo, que es singular para cada uno, objeta la salud mental.

El deseo está en el polo opuesto de cualquier norma, es como tal extranormativo. Y si el psicoanálisis es la experiencia que permitiría al sujeto explicitar su deseo en su singularidad, este no puede desarrollarse más que rechazando toda intención terapéutica.


Instagram: @Stupidart1

Jacques-Alain Miller: Sutilezas analíticas, Paidós, Buenos Aires, página 35.

No como todo el mundo

 

Jacques-Alain Miller

 
«El deseo implica esencialmente en el ser que habla y es hablado, en el parlêtre, un no como todo el mundo , un aparte, una desviación fundamental y no adventicia. El discurso del amo siempre quiere lo mismo, el discurso del amo quiere el como todo el mundo. Y el psicoanálisis representa justamente la reivindicación, la rebelión del no como todo el mundo, el derecho a una desviación experimentada como tal, que no se mide por ninguna norma. Esta desviación afirma su singularidad y es incompatible con un totalitarismo, con un para todo x. El psicoanálisis promueve el derecho de uno solo, a diferencia del discurso del amo, que hace valer el derecho de todos. ¡Qué frágil es el psicoanálisis! ¡Qué delicado! ¡Y qué amenazado está siempre! Sólo se sostiene por el deseo del analista de dar lugar a lo singular del Uno…
Respecto del todos, que sin dudas tiene sus derechos – y los agentes del discurso del amo se pavonean hablando en nombre de estos–, el deseo del analista se pone del lado del Uno. Con una voz temblorosa y bajita el psicoanalista hace valer el derecho a la singularidad. »

 
 
PixCell Deer #52 kohei-nawa.net/

Jacques-Alain Miller: Sutilezas analíticas, Paidós, Buenos Aires, página 36.

Black Mirror -en la Red-

El 31 de julio comienza esta nueva actividad, abierta al público y gratuita.

  • En la misma, a razón de un encuentro mensual, se presentará un comentario a cargo de un integrante de la Red, con respecto a la serie británica Black Mirror.
  • Luego del comentario se abrirá el debate y las preguntas del público.
  • Los capítulos no serán transmitidos durante la actividad por lo que pedimos a los participantes que los vean antes.

Black Mirror en la Red (1)


  • Primer encuentro: 31 de julio / 13hs Bs As. A cargo de Mercedes Ávila. BM 1 Desea eliminar al usuario

Fin de 2020 – ¡Feliz 2021!

Este año ha sido un año especial, nos ha impulsado a buscar otros modos de encuentro y ha presentado nuevos desafíos.

Esta nueva propuesta nos ha intrigado y nos ha puesto a trabajar sobre ello. ¿Cómo transmitir el psicoanálisis? Y la respuesta no se hizo esperar, pues bien, como lo hemos hecho desde siempre: desde la posición analizante, desde el saber expuesto, desde el discurso analítico, la experiencia se contagia.

La Red ahora incursionó en la virtualidad, por ello desde ahora nuestras actividades están disponibles a todos aquellos que quieran participar desde cualquier lugar del mundo.

Seguramente habrá más cambios, y más desafíos, pero desde la Red Psicoanalítica queremos desearles un buen fin de año y un excelente comienzo de 2021.

Por más desafíos y más encuentros.

2021

La transferencia develada

Marie-Hélène Brousse

¿Cómo encontré la disciplina freudiana? Pensándolo bien, se impone una diferencia entre el conocimiento y el encuentro: el psicoanálisis era un objeto de la cultura al que yo había tenido acceso. Pero el encuentro propiamente dicho, ¿cómo definirlo? Como el momento en que ese objeto (de saber) produjo un efecto en la persona que yo era. Tuvo lugar para mí en un juego de palabras que hizo un amigo sobre mi nombre: efecto de sorpresa y de enigma; en resumen , efecto de división. No hay encuentro con el psicoanálisis que no pase por la experiencia subjetiva.
Después, hubo el encuentro con un analista y la experiencia de esa aventura que es una cura. Enseguida tuve claro que ésta es una experiencia del decir preciso y riguroso. Pero lo que me preocupaba era la transferencia. Ponía el saber de los libros en el centro del dispositivo analítico y, en mi análisis, no lo veía por ningún lado. Muchas veces escuchaba a mi alrededor hablar de amor y de odio, veía cómo se desplegaban todas las modalidades del lazo, in vivo. En mi lazo con mi analista, nada de todo eso. La calma chicha. Sin embargo, lo había elegido yo, por su nombre y su discreción justamente. Pero de él yo no quería otra cosa que el ejercicio de su función. Lo quería funcionario del análisis. Hoy que soy analista, me doy cuenta al escribir estas líneas que la transferencia estaba, y bien que estaba, bajo la forma de ese «yo no quiero saber nada». Estaba en la asociación imposible entre el nombre, o sea lo contrario del profesional anónimo, y la discreción, aquí modo encarnado del silencio.
Sin embargo, los libros, es decir, la teoría analítica, tenían razón. Después de una sesión, en la escalera, como estricta consecuencia de un encadenamiento asociativo apareció ante mí el resorte de la transferencia: mi analista, ese hombrecillo tranquilo, discreto y silencioso, encarnaba para mí, el Santo Padre, el Dios clamoroso de la Biblia, el Dios de Abraham. A este Otro, le temía más que a nada, su palabra era un rayo… Todavía recuerdo la risa formidable que solté en esa escalera parisina que parecía una jaula. Mi analista era el imperativo de la demanda contenida en toda palabra. Si yo no lo veía por ninguna parte, es porque era ese todo, el cuadro general del mundo amenazador en el que vivía. Todas las particularidades de mi relación con los otros, que organizaban mis síntomas, respondían a ese partenaire interior del que había que, costara lo que costara, guardar distancia.
Haber experimentado eso no sólo tuvo efectos terapéuticos inmediatos, sino que modificó radical y profundamente mi concepción de las relaciones con los seres hablantes. No existen relaciones entre los seres humanos que no estén organizadas por la transferencia. Se despliegue bajo su forma imaginaria o simbólica, ella es la gran organizadora, ella es real. Organiza las respuestas y los actos del sujeto sin saberlo. Sin embargo, en los diferentes discursos en los que somos tomados, no aparece de ese modo, sino que sin cesar es objeto de maniobras: de sugestión, de influencia, de denegación, por ser el resorte de cualquier poder sobre el Otro. La evidencia y la formulación de las modalidades que adopta para cada sujeto es la condición del poder que un sujeto puede tomar de sus propios actos, la condición para convertirse en el agente de su destino.
Solamente el dispositivo analítico pone al analista en la obligación de renunciar al poder que le da la transferencia para operar. Es lo que permite que se devele. Un análisis produce, por ese hecho, consecuencias éticas y políticas en el sujeto.
La puesta al desnudo de la transferencia o, por el contrario, el velo mantenido sobre él, constituye una línea divisoria entre el psicoanálisis, por una parte, y las otras formas de discurso que siguen encontrando en eso las raíces de su poder sobre los sujetos, ya sea sin querer saberlo, como en el caso del discurso de la ciencia, o en pleno conocimiento de causa, en el de la política.
El odio que suscita hoy el psicoanálisis tiene su origen en la revelación, por la transferencia, del poder dado al Otro, que se produce para todo analizante en su cura. Las distintas técnicas de gestión de los seres humanos no quieren separarse (¡por el bien de los sujetos, evidentemente!). Lacan lo formula admirablemente en un texto escrito después de la Segunda Guerra Mundial: «En este siglo, el desarrollo que habrá de los medios para actuar sobre el psiquismo, una manipulación concertada de las imágenes y de las pasiones de la que ya se ha hecho uso con éxito contra nuestro juicio, nuestra resolución, nuestra unidad moral, serán la ocasión de nuevos abusos de poder».1 Es más que nunca de actualidad.

¹ Jacques Lacan, en Otros escritos. 

escaleras


Bernard Henri-Lévy, Jacques-Alain Miller (Comp.): La regla del juego, Editorial Gredos, Madrid, 2008, página 50.