Gustavo Dessal




Lacan creía que la falla que vuelve para siempre al hombre enfermo era la ausencia de relación sexual, que esa enfermedad era irremediable, que nada podía colmar ni curar la distancia entre un sexo y otro, que cada uno, como sexuado, está aislado de lo que siempre quiso considerar como su complemento. La ausencia de relación sexual invalida toda noción de salud mental y de tratamiento terapéutico como retorno a la salud mental.
Vemos entonces que, contrariamente a lo que el optimismo gubernamental profesa, no hay salud mental. Se opone a la salud mental —y a todo tratamiento terapéutico, que supone que conduce a ella— la erótica. En otras palabras, el aparato del deseo, que es singular para cada uno, objeta la salud mental.
El deseo está en el polo opuesto de cualquier norma, es como tal extranormativo. Y si el psicoanálisis es la experiencia que permitiría al sujeto explicitar su deseo en su singularidad, este no puede desarrollarse más que rechazando toda intención terapéutica.

Jacques-Alain Miller: Sutilezas analíticas, Paidós, Buenos Aires, página 35.

Jacques-Alain Miller: Sutilezas analíticas, Paidós, Buenos Aires, página 36.


Entonces, para la pareja del parlêtre femenino hay dos axiomas que debemos guardar en el espíritu si no queremos ser embrutecidos. Primero, para amar es preciso hablar, el amor es inconcebible sin la palabra, justamente porque amar es dar lo que no se tiene y no se puede dar lo que no se tiene a no ser hablando, porque es hablando que damos nuestra falta en ser. Tanto mejor cuando hablamos de amor, pero no es de manera alguna necesario, ya que hay mujeres que se satisfacen muy bien si la pareja las critica, con tal de que él hable. El verdadero problema del lado femenino es forzar el hombre a hablar, en lugar de mirar televisión, leer el diario, o ir al partido de fútbol. Las más inteligentes van con ellos al fútbol. Además para el hombre es mejor hablar, porque si él no habla va a ser ella quien lo haga y para reclamarle que hable. Segundo axioma, para gozar es preciso amar. Ésta es verdaderamente una exigencia del lado femenino y podría escribir la secuencia: hablar, amar, gozar. Del lado femenino, no se puede gozar sino del habla, con preferencia del habla de amor.
Jacques Alain Miller: El hueso de un análisis, Tres Haches, Buenos Aires, 1998, página 79.