¿La clínica ha cambiado? Jorge Bafico

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Robert Silvers – Remastered Mona Lisa

Muchas veces se cuestiona al psicoanálisis y se lo presenta como algo obsoleto. Sus detractores declaran que las manifestaciones clínicas han variado y que los grandes cuadros de las neurosis como la obsesión, fobia y sobre todo la histeria han desaparecido.

Los trastornos, llamase del humor, de ansiedad, de la personalidad, han copado la clínica. Hoy nadie deja de pensarse desde esos lugares: “estoy deprimido, soy ansioso, soy fibriomiálgico, tengo estrés, etc.”. Síntomas contemporáneos le dicen. Es así que hoy la sociedad occidental se ve enfrentada a una “epidemia” de anorexias, bulimias, fibromialgias, depresiones, ansiedades y adicciones.

¿Es que acaso no existían desde siempre estas manifestaciones clínicas? Por supuesto que sí, pero no seguramente con tanta frecuencia como en la actualidad.

Estas patologías tienen algo en común, y es que en general, el sujeto no se pregunta por lo que le pasa y el síntoma aparece más claramente del lado de un goce alejado de lo simbólico. Sujetos mudos congelados en una palabra que los nombra.

Quizás la falta de pregunta del sujeto en la actualidad tenga que ver con la imposición del mercado: para todo un medicamento, un psicofármaco que nos arregle la vida.
Nombres gigantes, patologías generales que incluyen al sujeto en conjunto universal, quitándole lo más importante: su singularidad. Pero como consecuencia se produce un rebajamiento o anulación de la particularidad de cada sujeto.

Nos encontramos con una contradicción a partir de esto, por un lado, el intento de terapeutizar al conjunto del para todos, a partir de una única solución medicamentosa. Pero por otro aparece la omnipresencia del psicofármaco y concomitantemente la producción masiva de objetos de consumo de la cual nos volvemos esclavos.

¿Alguien plantea los efectos secundarios que tienen la mayoría de los psicofármacos?

No se trata de una guerra a los psicofármacos, sino que la indicación del fármaco sea precisa y necesaria. Lacan decía que el analista debe estar a la altura de la subjetividad de la época. Hoy es una época que muestra un modo de gozar y un modo particular de vivir la pulsión donde los objetos de consumo se han impuesto. Uno de esos objetos de consumo es el psicofármaco, aquella pastilla que colma y ponga al sujeto en los parámetros de las exigencias sociales de la actualidad.


Jorge Bafico
Psicoanalista, escritor, doctorando de la USAL (Universidad Del Salvador, Argentina). Ejerce su práctica desde 1993. Es docente del Instituto de Psicología Clínica de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República Oriental del Uruguay dando teóricos de Psicopatología y siendo el responsable de la práctica en Hospital Pasteur. Participa como columnista en el programa “Desayunos informales” en Tele doce y “Abrepalabra” de Océano FM. Ha publicado varios artículos y trabajos, así como también ha presentado ponencias en Jornadas nacionales e internacionales. Autor de varios libros entre ellos: “El origen de la Monstruosidad” (Ediciones Urano Argentina, 2015), “Restos de historias” (Aguilar 2014), “Cosas que pasan” (Aguilar 2012), “Los perros me hablan. Ocho historias de asesinos en serie” (Ediciones de la Plaza 2011), “¿Hablamos de amor?” (Ediciones de la Plaza, 2008) y “Casos locos” (Editorial Fin de Siglo, 2006).

¿De qué hablamos cuando hablamos de felicidad? Jorge Bafico

Hoy parece que la consigna que se impone al sujeto es la de ser feliz: libros de autoayuda, terapias alternativas, cambios de hábitos, etc. Toda una industria se mueve bajo esta consigna.

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Miles de frases optimistas en las redes sociales parecen mostrar la necesidad imperiosa de estos tiempos; ser feliz a toda costa, pero sobre todo de una felicidad individual y auto erótica. Muchos de los pacientes que acuden al análisis vienen en esa búsqueda: quieren ser felices como en los eslóganes publicitarios. Sabemos que eso no es tan sencillo.

La psicoanalista argentina Silvia Ons plantea que la felicidad es equiparada al Soberano Bien de los antiguos, al telos aristotélico, la meta a alcanzar, la causa final como bien al que aspiran las cosas: “Esto es lo que conviene recordar en el momento en el que el analista se encuentra en posición de responder a quien le demanda la felicidad. La cuestión del Soberano Bien se plantea ancestralmente para el hombre, pero él, el analista, sabe que esta cuestión es una cuestión cerrada. No solamente lo que se le demanda, el Soberano Bien, él no lo tiene, sin duda, sino que, además, sabe que no existe”.

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Según las publicidades, éste es un ejemplo de felicidad

Las psicoterapias, en general, promueven la promesa del encuentro de la felicidad en su propuesta. El psicoanálisis en ese punto es más reservado, quizás porque pone el acento en el goce y no en el deseo. La pulsión siempre busca la satisfacción y el deseo conlleva insatisfacción: es por eso que a nivel de la pulsión el sujeto es siempre feliz, pero no se articula con una meta a alcanzar.

El psicoanalista acepta la demanda de felicidad que le llega como a tantos otros que están en el lugar del saber: consejeros, coachings, terapeutas, gurús, sacerdotes, etc. Pero a diferencia de ellos, el psicoanalista al estar descreído del saber que se le supone, podrá hacer que la demanda de felicidad del sujeto vire en deseo de saber. Así en el psicoanálisis la única posibilidad es que el sujeto se someta a la asociación libre, soltando su discurso de la racionalidad y de los ideales. Surgiendo el más allá del principio del placer determinado por la repetición, el peso de su historia hecha de palabras que lo determinan y sobre todo de un goce que empuja sin cesar. Si esto funciona se podrán develar las identificaciones que lo oprimen y el fantasma que lo contiene, pero sobre todo de la forma que tiene de gozar, tan propia y singular como ignorada.

“Cuando un analizante piensa que él está feliz de vivir, es suficiente”, decía Lacan. Miller plantea ese “feliz de vivir” como una felicidad basada en la búsqueda diferente del tener y de esperar algo. Justamente lo contrario a lo que se plantea en los paradigmas de la actualidad y las psicoterapias en general.

Se trata, quizás, como dice Lacan que la felicidad es mucho más que la triste versión de “ser como todo el mundo”.


Jorge Bafico
Psicoanalista, escritor, doctorando de la USAL (Universidad Del Salvador, Argentina). Ejerce su práctica desde 1993. Es docente del Instituto de Psicología Clínica de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República Oriental del Uruguay dando teóricos de Psicopatología y siendo el responsable de la práctica en Hospital Pasteur. Participa como columnista en el programa “Desayunos informales” en Tele doce y “Abrepalabra” de Océano FM. Ha publicado varios artículos y trabajos, así como también ha presentado ponencias en Jornadas nacionales e internacionales. Autor de varios libros entre ellos: “El origen de la Monstruosidad” (Ediciones Urano Argentina, 2015), “Restos de historias” (Aguilar 2014), “Cosas que pasan” (Aguilar 2012), “Los perros me hablan. Ocho historias de asesinos en serie” (Ediciones de la Plaza 2011), “¿Hablamos de amor?” (Ediciones de la Plaza, 2008) y “Casos locos” (Editorial Fin de Siglo, 2006).

Fuente: Articulando